Lamentablemente, para mucha gente Dios siempre puede esperar.
Esperar a que termine mis estudios; esperar a que me mejore emocionalmente; esperar a que me estabilice económicamente;
esperar a que las condiciones del país mejoren; esperar a que yo tenga más tiempo; esperar a que sea el momento oportuno...
Pero claro, cuando le pedimos a Dios sí esperamos que su ayuda sea inmediata.
Seguramente, cuando tengas el tiempo para dedicarle a Dios, ya no tendrás la fuerza humana para honrarle.
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